domingo

Como animal domesticado

Me empujaba el hambre
me empujaba, y su carnicero vocablo
deglutía las ceremonias del vientre.
Ánforas de leche eran los senos,
dispuestos como grifos sobre un lecho de hambre,
mi hambre, el hambre de todos mis hijos.

Como niño ciego escaló mi lengua
geografías imantadas -mi lengua-
de norte lácteo, de pulcros picos níveos;
geografía de casta inmensidad -y su piel-
manual acelerado sobre cómo llegar al cielo.

Como hombre, como animal domesticado,
vuelo a saborear la luna
y todos los dioses conmigo –también domesticados-
moran en su geografía.

Llovió entonces sobre las bocas
manantial blanco de espuma –dulce lluvia-
la lengua –mi lengua- sintióse diosa,
el dios Baco bebió de ella -dulce lluvia-
y su vino se hizo espuma de leche roja.

/ Tanto fue el cántaro a la fuente /

Fuera de los cuerpos el alcohol,
la leche agriada, los senos decapitados
y la lengua –mi lengua-
Baco murió esa noche alcoholizado;
mis hijos se fueron tras otros senos
y mi hambre cerró el grifo de sus ánforas.

De nada vale, de nada -por su piel-
ser apenas un ciervo de su vientre.

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