domingo
La “Suegra” después de haber controlado el orden y la limpieza de la cocina con una mirada circular, tan lenta y crítica como su vejez y de hacer cesar el goteo odioso del rubineto observó asombrada a través de la ventana que daba al jardín. Ahí, y mas lejos aun, el crepúsculo repetía de nuevo su acto de magia; arrebol alado al ras de la tierra y luego un grisaceo celeste imponente anunciando su fin. Esta vez llega con atraso se dijo mientras veía pasar su silueta y luego abrir con delicadeza la puerta. Has llegado tarde. Pero evidentemente ya más tranquila por recibir a quien esperaba, continuó a mirar los últimos instantes de aquel atardecer que aunque fueran siempre iguales despertaban en ella una nueva obligación al silencio y la veneración. Me detuve a admirar “sus” flores, -se disculpó tímido- continúan a ser... fantásticas... supongo que es debido a su pasión y paciencia... Eres terriblemente aburrido, querido “yerno” respondió molesta pues había esperado que el recien llegado, como tendría que haber sido lo normal en un persona que reconoce una falta, no digiese nada. Luego de mirarla y sabiendo que su rostro altero -que no lo miraba- no cambiaría, el recien llegado, haciendo cuatro pasos se apoyó contra la pared que daba a la ventana de la tarde. Es inutil que vengas todos los dias y para hacerlo me obligues a mi sabiendo que no puedo rechazar tu pedido. Entiendo tu devoción hacía ella pero te pido otra vez que trates de olvidarla y te decidas por el Sueño Eterno... ¡Sueño Eterno igual al mio! del cual me has despertado por tu turbación mitad terrenal y mitad celestial por ella. Al observar el rostro del recien llegado se arrepintió de lo dicho pero su proverbial autoindulgencia la confortó convenciéndose que al fin y al cabo las cosas, aun lás más dolorosas, había que decirlas, sin pelos en la lengua. Luego de algunos segundos en silencio en los cuales él miraba abstraído las baldosas y ella los ultimos resplandores rojizos del crepúsculo oyeron voces de niños y de mujer. Ahi llegan, exclamo excitada ella. El se alejó de la pared con impaciencia. El ansia por ver un nuevo milagro como el crepúsulo de la “Suegra” le devolvieron otra vez la alegría a sus ojos y esperó que se abriera esa puerta que jamás había sido ni sería suya.
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No copie, use la imaginación...

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