Quieto, suspendido en el aire, aleteó con mayor intensidad para finalmente apoyarse con los pies primero y después, agachándose y aferrando con las manos, sin ningún gesto de perder el equilibrio el cable de alta tensión que, combado en aquel punto subía y volvía a hacerse curva luego de dejar las torres que lo sostenian: torres que a su vez nacían en un punto pequeñisimo, siempre al lado de la ruta y morían, también pequeñisimos en la parte opuesta, en el norte. Antes de erguirse aspiró una buena bocanada de aire y escrutó el occidente. El único y primero que vio su posarse fuel el pibe que acompañaba su caminar con un bastón hecho con una rama, todavía verde, que había perdido sus brotes en los tantos momentos en los cuales el pibe, aburrido de no hacer otra cosa que mirar donde terminarían sus pisadas, se dedicaba a arrancarlos con obstinación. Había sentido su aleteo blando, y sin sorprenderse pues hasta ese momento pensó que era un pájaro, lo siguió hasta que la supuesta ave se apoyó. También el pibe miró curioso hacia occidente esperando ver algo que la previlegiada altura del otro poseía. Pero no vió nada; sólo inmensidad circular que iluminando a través del celeste inmovil del cielo hacía aún mas yerma la tierra al inicio del otoño. Hizo visera con la mano pues no lograba verlo con nitidez debido a un resplandor que no era producto del sol pues este estaba a sus espaldas. No le llevó tanto tiempo para convencerse de lo que era, así que cambiando su paso tranquilo por una veloz carrera, se deslizó por la pendiente del terraplén y con la misma urgencia cubrío las pocas decenas de metros que separaban la línea de alta tensión y la carretera. Cuando llegó al punto elegido se sentó, no porque estaba cansado, sino porque quería disfrutar del espectáculo que le ofrecería un sueño que también aleteaba en él desde hacía tanto tiempo. Sin cambiar la incómoda posición que el mirar hacia lo alto lo obligaba, le dirigió una pregunta que sabía no tendría respuesta: ¿Has comenzado a emigrar? Y ahí estaba, embelesado mirando la criatura mientras trataba de arrancarle a su bastón despojado imposibles ramas cuando pasó el primer auto que, frenando mas adelante con chirrido, inició una marcha atrás a todo gas hasta detenerse en el centro de la escena. De el bajó un conductor atónito que repetía “No puede ser, no puede ser”. Pasaron algunos segundos de contemplación pero luego el conductor tuvo urgente necesidad de mirar su reloj. Estaba contrariado e indeciso pero antes de partir disparó varias veces su máquina fotografica. No mucho tiempo después llegó otro auto que se detuvo con la misma modalidad del primero. De este bajó toda una familia, padres y dos hijos pequeños. Se posicionaron muy cerca del pibe con el bastón. También ellos disparaban fotografías mientras le decían a su hijos “Miren que buen funámbulo... ¡Y que arrojo! ¡Sobre los cables con electricidad! ¡Y que original su disfraz de angel!... ¿Pero cómo habrá hecho para llegar hasta ahí? Estaban por irse pero al comprobar que continuaban a llegar maravillados espectadores decidieron quedarse para intercambiar heterogéneas opiniones, cigarrillos y noticias. Luego de una hora era todo un pulular de humanidad tan curiosa como inquieta. Se oían preguntas a los gritos dirigidas a la criatura, risas y contrariedad en los rostros de un corrillo, indiferencia a base de café en otros. A un cierto momento, pues había volado una piedra que golpeó sin fuerza a la criatura, se formó un remolino indignado de reproches y acusaciones. Se oyeron reprimendas, insultos, pero luego todo volvió a una normalidad que fue rota otra vez al comprobar alguien que otros “alguienes” habían desvalijado su auto.También y en manera inexplicable llegó sobre las cabezas de los presentes una escalera que se plantó justo debajo del punto de gravedad de la criatura y por ella, a turnos, comenzaron a subir y bajar hombres para inmortalizar el evento; hombres que ya de regreso y sobre la tierra húmeda del otoño comprobaban con estupor que sus máquinas fotográficas no habían registrado absolutamente nada. Pero afortunadamente al desparramarse la voz que llegaba la prensa hizo irrelevante este fenómeno y una algarabía frenética se desató cuando hizo su aparición la vistosa señorita periodista con un pequeñísimo micrófono al ojal. En esos instantes los apáticos, incrédulos y aburridos recobraron su vivacidad. A partir de ese momento fue todo un “in crescendo” verbal y de situaciones ya que a medida que la señorita del micrófonito llevaba hacía la cúspide el diálogo, ora con los estudios, ora con su público, una grúa con un brazo mecánico se elevaba llevando dentro del contenedor puesto en la extremidad al cámara y la periodista. Debido a un terror justificable a la electricidad, la media actriz del microfónito hizo detener la grúa a varios metros de los cables de alta tensión y ordenó encender los potentes reflectores que habían llegado en previsión de la oscuridad que se avicinaba. La criatura ni siquiera parpadeó pero movió con lentitud sus alas. “!Pero está desnudo de verdad” exclamó la vedette noticiera. “No lo creo -respondió el cámara- debe de tener puesto una malla bien estrecha... esperá que te hago un zoom” “¿Pero qué malla?... eso es piel pura –volvió a exclamar la belleza de la noticia en ascenso mientras miraba el monitor- ¡Y no tiene sexo! no se le nota nada”. “Entonces es una mujer... pero con malla –refutó el cámara con el único ojo humano cerrado. La trepadora comunicadora se dispuso a entrevistarlo pero antes preguntó a los estudios si el helicóptero que habia pedido ya había salido. “Si, ya está en viaje – respondieron de estudios- pero está sucediendo algo extraño... nosotros lo vemos pero no queda registrado absolutamente nada” “Eso es asunto vuestro... esta es mi noticia y la llevaré a cabo, ¡que diablos! respondió airada la estrella naciente.
“Señor, buenas tardes –dijo alargando el micrófono pero dudó un momento al recordar la acotación de su compañero con respecto al sexo- somos de la ABCD y yo soy Linda News...
¿Nos podría decir su nombre para nuestro público? Como respuesta la criatura volvió a mover las alas, pero esta vez algo más veloz. “Por lo visto no quiere hablar –murmuró dirigiéndose a su compañero cámara a lo que este respondió “Es una mujer. Y está buscando fama como vos” “Vete al diablo” fué la respuesta ácida.
“Podríamos saber a qué se debe su... demostración”
“¿Es usted un funámbulo? ¿Forma parte de algún circo y se ha quedado sin trabajo?
Silencio de alas.
“¿Quiere llamar la atención a la sensibilidad de los expectadores? Si es así nosotros podemos ayudarlo dando a conocer en manera universal su petición.
Silencio de alas
“Bueno, a pesar de su silencio no podemos no elogiar la perfección de vuestro...atuendo... las alas parecen realmente que emergen de su cuerpo... me perdone pero es tan perfecto vuestro disfraz que me veo obligada a preguntarle por su sexo. “Genial, muy diplomática querida compañera” masculló en voz baja el cámara. “Vete al diablo” respondió otra vez irritada la exhuberante periodista por el comentario de su ayudante como también por la obstinación de ese... payaso que le estaba haciendo perder tiempo y por consiguiente la exclusiva.
“¿Quiere dirigirse a su novia, a su jefe,a los políticos, al presidente de su club de futbol, a Dios? Nos lo diga y nosotros seremos, aun en el último caso el medio amplificador que hará conocer vuestro malestar.
Silencio de alas
“Ahora comienza a emigrar” musitó el pibe del bastón.
A la periodista en vista la irritación le llegó junto al ruido del helicóptero que se acercaba para trasladarla, supuestamente después del descontado exito de la entrevista al hombre con alas, a una nueva exclusiva. Al mismo tiempo escuchaba a traves de su diminuto auricular el pedido de abandonar la entrevista en curso ya que no quedaba registrado nada. Sintió desazón, rabia. Entonces decidió vengarse con una sutileza odiosa.
“¿Talvez se crea usted un ángel?
Y la criatura, flexionando las piernas y arrojándose al aire, comenzó a emigrar.

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