domingo

                                                       Antropología Fantástica 16

Cuando por fin llegó la formidable formación de guerreros con el principal altivo a la cabeza, los “enemigos” miraron desconfiados a toda esa masa de animales con cuatro y dos patas dispuestos en compactas filas, mientras continuaban a masticar y rascarse, pero cuando se percataron que el principal, después de dar la señal de ataque se dirigía hacia ellos con malas intenciones, a los saltos y a las zancadas, grandes y pequeños se retiraron hacia el bosque aullando, gritando y gimiendo. El principal, viendo que el “enemigo” huía velozmente y que llegaría dentro de poco a la espesura y seguridad del bosque, ordenó a los caballeros cargar al galope. Estos, a pesar del esfuerzo solicitado a los cuadrúpedos no llegaron a alcanzarlos, pero sí lograron rodear a un solo “enemigo”, extrañamente más lerdo que sus compañeros. Los otros ya habían desaparecido en la oscuridad del bosque. Mientras tanto la infantería se estaba acercando dejando detrás de sí estruendosamente una nube de polvo amarilla y espesa.
El único “enemigo” retrasado se vio rodeado por varios caballeros. Con valor y arrojo aguantó, gritando, gimiendo, tratando de parar los golpes y lanzazos que le llovían de todas partes, hasta caer muerto, lleno de heridas.  La atención de los caballeros viendo abatida e inerme la presa fue interrumpida por el gritar lastimoso de los camaradas del caído, que de repente, y sin salir de la seguridad que daba el bosque, habían vuelto hasta el borde para tratar de ayudar a su compañero. Ya la infantería estaba llegando y los caballeros volvieron a espolear sus cuadrúpedos para tratar de alcanzar a los fugitivos, pero estos, temerosos, horrorizados y a la vez agilísimos ya desaparecían. Volvieron los caballeros hacia el caído, mientras la infantería pasaba en dirección del bosque a perseguirlos, y haciendo un círculo alrededor del “enemigo vencido” no permitieron a más nadie ingresar en el. 
Lo que supimos después, ―pues nadie, aparte de los pocos caballeros y el principal, que ahora está muerto―, supo qué fue lo que en ese círculo de altos oficiales se dijo o hizo. Fue todo a base de conjeturas nuestras, pero para mí, muy cercanas a la verdad. Ese enemigo moribundo no era un “enemigo malvado” y menos un guerrero, y menos un macho, y algunos arriesgaron afirmar que era un hembra, y encima preñada.  Creo que haya sido por eso que el enemigo escarnecido y colgado en la plaza de armas tenga esas fajas que les cubren las sagradas armas.  Sus ojos son como piedras y no sé cómo han hecho para dejárselos abiertos. Para quitarle la curvatura que tenía hacia adelante, y que el principal afirmaba que se debía a lo viejo que era, y por lo tanto muy astuto, lo ataron a una estaca recta. Su aspecto, aun con todas las mañas que usaron para dárselo tremendo, realmente era lastimoso. Una inocencia palpable, no obstante le hubiesen puesto en la mano una lanza amenazadora. Ahora ya está más que seco. Pero era, y hasta no hace tanto, el enemigo, nos decían todos los principales. Realmente tiene consistencia de guerrero, pero está lejos de ser un enemigo que siempre pensé que tendría que tener los rasgos como nosotros, el enemigo igual pero opuesto, y, además, vestido de guerrero.

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