lunes


Desde que comenzó esta tarde,

 la lluvia, no ha hecho otra cosa

que hacer muy bien su trabajo;

humedecer y lavar sin distinciones

y salpicar de costado cuando

no puede hacerlo desde lo alto,



y no trabaja sola hoy la lluvia

pues se trajo a su socio mas descarado;

un viento impetuoso para ayudarla

en las faenas que más la divierten;

 dar vuelta paraguas y alzar las polleras

de las muchachas, que se espantan primero,

luego ríen aguantando en contramano

las ráfagas de viento y el agua,

                                                      tratando de saber si alguien se dió cuenta

de sus piernas desnudas.



Es una gran trabajadora la lluvia;

lavó al cartero y a esos hombres rudos

y en cuero, que arreglaban la calle

y huyeron liberados y a los gritos

con las primeras gotas que cayeron,

primero como clavos, y luego a baldazos.

Hoy tendremos mojadas las cartas  

y los baches rebosantes, pero todo lava

menos a aquellos que viven  secos

protegidos en palacios de cristales y acero.



La lluvia lava a conciencia el trabajo

mejor remunerado que exista;

vivir observando la resignación delicada

de ramas y flores por el peso del agua;

ver a dónde van los pájaros que huyen,

                                                     y mirar la obstinación de los árboles

que le llevan la contra a la gravedad

de la tierra donde hemos nacido.

Hoy sus hojas se me muestran vivaces,

 como alas, que quieren levantar el vuelo

hoy, justo hoy, que llueve, como si hubieran

reventado todas las nubes del cielo.

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Una flor silvestre en la Web

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