sábado

                                                        Cocodrilos


No se asusten por mi áspero aspecto

de taimado cocodrilo feroz,

los únicos autorizados al espanto

son los niños, diminutos dioses caseros,

porque en el hombre hay un cocodrilo

y en el cocodrilo la sombra de un hombre.

Mis fauces son profundas y oscuras,

mis dientes en desorden, cándidos y duros,

anticipan dolores venideros de la carne

inocente arrancada y desmenuzada a jirones.

Oscuros y antiguos prejuicios me definen

porque lloro con lágrimas de reptil antiquísimo

cuando el hombre todavía era un sueño político,

pero si las derramo es porque continuamente

ando con hambre, junto al saber que no soy bello.

Envidio la gacela y del veloz guepardo el donaire,

además, mis ridículas patas son cortas y lentas

y mi cola excesiva, eficiente en ríos y pantanos

sobre la madre tierra es brutal, torpe e inútil.

Nado estando al acecho continuo y es en el agua

que nadie observa que lloro porque mi pobre corazón

también está custodiado con infinitas, robustas

escamas que parecen casi de acero.




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