Pintaron mis calles,
llenaron sus banquinas de señales.
La médula gestora
trazó mis destinos;
sopló un nombre a mi oído,
habló de un dios abstracto,
calzó dos zapatos derechos
para no desviarme del camino.
Hoy transito descalzo
borrando lo escrito.
Mis ojos siguen
improvisándome.
