Un gay en un armario.
Pero va el gay y sale del armario.
El poema deja de ser oculto.
¿Mantenemos el ocultismo?
¿Sangre? ¿Ambiente gótico? ¿Infierno?
El gay se hace un análisis de sangre,
no es portador,
pero podría serlo.
Demacrado rostro,
lágrimas interiores,
gatos del pasado rebobinan sus luchas.
Luchar contra sí mismo.
Los de la sociedad sentados en platea,
enjoyados, perfumados y recién decapitados
lo observan con sus condescendientes miradas de mierda.
En la empresa...
eso sí es un ambiente gótico.
El contrato, la cláusula,
el despido por no cumplir un perfil.
No sé qué perfil si ahí sólo hablaban de su culo.
Donde decían los más agudos
que entraban portaviones
y cómo se reían con sus carcajadas de mierda.
¿Infierno?
Sin duda.
José Segundo Cefal