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domingo

Vuelvo a las tardes.
A las fugas quebradas en minutos.
A las palomas rodeando las copas de los pinos.
A tus ojos de océano
y a tus besos de niña.

Y en estas pinceladas
tejidas en un manto de nostalgia
entretejo añorando
los sinónimos que avivan nuestras vidas.

La llamarada canta
-con su muro de sombras fugitivas-
ese rito de amor
que explica sin vocablos
la razón de la vida.

viernes

media mañana.

Se ha marcado el tiempo para la última gota de agua en la tubería.
La mañana empieza a contar las cabezas fugitivas de los cuerpos;
y El Banco, con sus eslabones en papel membretado, calcula el valor de mis respiros.
Un rostro conocido sonríe tras la promesa más honesta expuesta en la tele, seduciendo a mi voto.

El mundo se ha vuelto predecible y eludible,
pienso.

Te vuelvo a ver...
me encantan tus nalgas...
son divinos esos senos contoneándose libres entre la blusa floja.
Mi erección se provoca estrangulamientos entre costuras de buena marca.

Me descubres y callas.
Callas tú, pero tu cuerpo habla.
Hueles a vagina evaporada.
El olor del café se esfuma.
Navego en tu humedad con mis lágrimas blancas
entre esas largas piernas tuyas que parecen palmeras azotadas por los vientos.

La realidad se expande hasta el último minuto del postrero estertor.

La paz que viene...
es una sensación de atardecer entre media mañana:
Silencios quietos que matan al murmullo de la tele.
Tu cabello castaño da un extraño fulgor a nuestro piso.
No sé qué tenga el techo para buscar cometas sin mirarlo.

Dos miradas...
una vida...
y la mañana que nos llama
con su lengua de prisas.

domingo

A Julio

Alboradas de julio
Los destellos de mis ojos reconocen
entre los frutos de tantas miradas,
las brisas húmedas
y los vientos de un llorar de nubes generosas
que bendicen la tierra
para parir veranos.


Para mirar ocasos
se me antoja un septiembre:
remolinos de vientos
que exhiben sus fantasmas
en los cuerpos perdidos
de las hojas dejadas
a su libre albedrío
vueltas su propio canto
su propio cuento
su propio cuerpo.

Albas de julio
eterno renacer del cuerpo tibio
esperando un septiembre
para encausar el paso hacia la historia.

Re-generación

Pintaron mis calles,
llenaron sus banquinas de señales.
La médula gestora
trazó mis destinos;
sopló un nombre a mi oído,
habló de un dios abstracto,
calzó dos zapatos derechos
para no desviarme del camino.

Hoy transito descalzo
borrando lo escrito.
Mis ojos siguen
improvisándome.

Quizá es tiempo de sembrar limoneros

Los hijos se han ido
las tardes perezosas ocupan los sillones preferidos
la siesta no tiene despertares repentinos
la soledad asola a cada instante
con el mismo ímpetu que las olas
en su ahora amargo insistir con los recuerdos
Cuántas cunas vacías hibernan entre el polvo del desván
cuántas mudas de cada verano despiertan con sus juegos repentinos al roce de los sentidos.
No somos ya ni surco ni simiente
solo viejas gaviotas esperando un leve viento
para correr tras los sueños que nunca llegaron
y posar en el reposo sobre los que llegaron solos.
Las rosas se han hecho, con su bello esplendor
comedia de otros tiempos
en medio de la tarde pienso
y mis ideas huelen a barca sin tripulación.
Ya no es tiempo de mar
ni de aguardar los vientos fuertes
es tiempo de poner la mesa en medio del jardín
para no pensar tantos minutos
pensamientos agolpados que sólo preguntan necedades

Quizá es tiempo de sembrar limoneros
y esperar que perfumen con su aroma
todas las tardes que siguen a mayo.

lunes

Canto

Se escucha el canto por los pasillos
se fuga de alguna ventana el canto de mujer
baja por las escaleras con su paso de muerte
esperando un oído
donde se vuelva fuente.

No sé como se llama...

Le llamaremos Rosa
pétalo que se desprende y se desploma
con el paso del tiempo vuelto horas
días
meses..., años.

Espina a veces,
apenas dolorosa
que se viste de canto con esa voz melosa
que se escucha a lo lejos
y un romance, se antoja.

erial

De tu almohada a la mía
hay un espacio vacío
para dos espaldas paralelas.

Las luces de neón
plantan en la ventana
sus auroras boreales citadinas.

De mis labios resecos
a tu boca cerrada
va un desierto de arenas amarillas.

Mueren los crepúsculos dorados en la mente sin sueño
en una tarde que se aleja
deshojando recuerdos día a día.

jueves

Mudan las esperas

Como el ave
remontaba el cielo;
incansable.

Eran sus plumas
la piel del viento
la carrera loca del verso:
escribía poesías en mi cuello.
Sus alas plumosas
mi alero.

Como el ave
se desprendió en colgajos
desde mi arcilla seca.

Fueron las guerras
que la alejaron de mi paz,
mi incertidumbre,
mi abulia encanecida,
mi vuelo ciego
hacia el fuego frío.

Como aves
mudan de nido las esperas,
impacientes, estériles.
Así perdimos el horizonte
y extraviamos los sentidos
hasta ser pájaros
en desconcierto,
mudos,
idos.

Y caímos.

miércoles

Los pájaros que inventamos

Donde ya no estás, supura el plomo.
De sus órbitas atómicas
huyen los pájaros,
los locos pájaros locos
con sus risas histéricas.

El gris obtura el cielo
y no sé si lloverá,
o sólo son nubes pasajeras
espantando al último tren
que se evapora,
como sus bufidos de vapor.

El tren de los pájaros locos;
de los pájaros que inventamos.

domingo

Como todas las rotas margaritas

He visto el amor rondando los parques,
entrelazados ausentes, como si nada importara;
lo vi resuelto a someter cuerpos,
reducirlos a pieles desnudas,
osadamente desnudas.
Se arrastraba tras los árboles,
se dejaba llevar en andas, en cuclillas
o mansamente caer en la hierba;
chorreaba estaciones, cualquiera, todas juntas.

Florecía en tréboles,
entre piernas de enredaderas, senos rosados;
rosados como la juvenil vergüenza
que ausente se desprendía de pudores
sobre la hierba o sobre otro cuerpo verde,
verde de besos, de colibríes alborotados
sorbiendo polen fresco.

Lo he visto refugiarse en la sangre del fuego
transpirando aromas,
alelado de axilas, dormirse luego, relajarse
y volver a ser pudores cómplices.

Y he visto un amor atardecer,
refugiarse absorto entre distancias sin laureles ni boletos,
subyaciendo en la gris mansedumbre de los días
como la noche que inevitablemente nace
para morir en silencio;
como todas las rotas margaritas.

sábado

Como los peces de barro

Tómame los abrazos
como la memoria que regresa,
planifica un tiempo de reencuentros,
sin preámbulos,
con la osadía de una gaviota
queriendo ser pez en los remolinos,
en la generosidad de un río que sube
para devolver las aguas a las lluvias.

Tómame en el preciso instante
que quiebra la cascada,
voltea tu vista hacia la orilla opuesta al sol;
allí verás un velero agrietado,
anclado entre rocas gastadas
por los besos de tantas lluvias marrones,
como las angustias de los peces de barro
que pintan las orillas.

También soy un pez de barro
siguiéndote en la crecida.

domingo

s/ título

He llegado
Tras la puerta entreabierta se ha quedado mi ausencia esperando a mi vuelta
Hoy he llegado a ti
te miro y me llena tu inquietud
Las manos apuradas no saben qué hacer con mi presencia.
Tus pechos hermosos cobran brillo ante mi vista
Te miro con hambre
Me sientes...,
tu humedad se vuelve ambiental y corro hacia ti para cargarte
para arrojarte en el lecho donde tu desnudez se vuelve obsequio a mis sentidos
me fundo, con los labios, sobre tu cuerpo desierto de misterios
mis manos te arrebatan las gaviotas de ausencia
te muerdo
te como palmo a palmo
te convierto en volcán para aguardar la lava ardiente derramarse en mi cuerpo
Eres flor que deshoja mi ansiedad vuelta fuego
bajo mi cuerpo vibra tu corazón ardiendo
una mar de perfumes te vuelves sobre el lecho
mientras que yo navego
como albatros, tu cuerpo.

La noche...
vieja cortina tonta, con remedos de ciega
que suave se disfraza
mientras el día llega.

lunes

la despedida

suave viento que recoge sus aromas
y obsequia su vallado
para que lo consuma el fuego que calienta el invierno
Eco que se queda resonando
entre viejos recuerdos que nunca fueron cuna
Lluvia de cristal que, diamantina,
difuminó colores por la tarde
matizando de ensueño a la mirada
que siempre se ve lejos
Polvo que deja polvo
tras los pasos errantes
de lo que tiene vida.
Qué tristeza es contar
la ruptura sin cielo
que sucede
al momento fatal
de despedida.

domingo

Lunaterías para una lluvia despistada.

Y el día dos del año diez, nos visita la lluvia
La calle mojada y los pámpanos confundidos
Con la lluvia viene el viento, quebradizo, con púas invisibles, que laceran el rostro
y lloriquean al parpadeo.
Las montañas cercanas se disfrazan de azul cielo,
cuando el sol las desnuda, muestran vientres color de hielo.
Arrebañes celestiales vuelven virginal la bruma huidiza
y el corazón palpita a fondo
inspirado en los vuelos aeronáuticos
que le invita distancias.

Hoy no he dicho tantos te quiero como ayer,
la he pasado abrazado.
El corazón palpita entusiasmado imaginando las olas que ya esperan:
promesa de diciembre.
Me deshago en sustentos emotivos
para la débil carne, no decaiga, como el valor del peso.
Tú allá lejos esperando mirarme
esperando encontrarme en tu rincón imaginario
encendiendo las velas
y consumiendo incienso en los respiros
para elevar el alma y encontrarnos.

Paciencia
quieta y muda paciencia
algo eterno y doloroso
para llorar los años.

Algún día te amaré...
conoceré tu desnudez, desnuda.

Y el día dos, del año diez,
se apareció la lluvia inesperada
Con sus erizo de hielo sublimado
me empalagó la piel,
y tuve un pensamiento despistado
que me dejó la luna desde ayer
conteniendo un recado desquiciado
para mi mente en fuga.

Me refugié en tus besos;
el verano del dos mil diez,
nos cogerá abrazados.

Sin el clon.

Y las formas murieron como siempre,
tras el paso de moda.
Un mar de letras discriminadas
y de palabras proscritas
celebraron su muerte.
Salieron de su cautiverio literario
para andar por las calles
embriagando canciones
y mensajes sin verso
que declaran amores
y dibujan la vida

Su tristeza
Su alegría.

Las rancias formas de abolengo literario
quedaron en espera
tras la turba inmoral que las margina.

El abecedario recuperó la vida.

jueves

Hoja Blanca

Un poema,
escribir un poema en navidad
y para navidad...
Me quedo pensativo
imagino un cuadro lleno de luces
con el árbol al fondo.
Los que están pensativos...,
los que se fueron, presentes en la mente.
Tantos, tantos recuerdos al hacer el resumen
de las cuatro estaciones que concluyen.
Tantos recuerdos viejos no merecen espacio en esa mesa
donde todos enjugan y celebran.
Los hombros pesan
y en el pecho se resiente de algún achaque misterioso.
No sé qué escribir para llenar la hoja blanca,
al fin y al cabo:
siempre vuelve a ser blanca.

martes

Patinetas de papel sobre una sonrisa muerta

.
Detrás de cada beso acurrucado
duerme un ángel.
Sobre los surcos descubiertos
palpita una sonrisa
como una marioneta sin gracia.
Arrugada se desfonda la piel
y entre sollozos adormece un niño
en patinetas de papel
buscando el viento donde remontar sus años,
los de ayer, los que fueron tersos,
acunando la franquicia sin límite de ser libre,
montado a pelo de sueños
con sus pies de pájaros en libertad.

Ya no vuela sobre las rúas del viento,
el ángel se durmió sobre un trompo inquieto,
gira, gira y aterrizará con su frente
sobre la pista cerrada
de una sonrisa muerta.

domingo

Noctambuleando

La noche espesa
tiene una melodía cautelosa
cuando duermen los grillos
y sueñan con el sol
las tibias mariposas.


La noche espesa
canta como galaxia enclaustrada
y tiene su trombón de plata
para amenizar romances a escondidas.
Entre el canto nocturno
mi alma se desnuda lentamente
queriendo copular
con lunas fugitivas.


Las palabras, al puerto de los sueños se han asido
dos abiertas compuertas
que llevan al edén de lo vivido.
Sin recuerdos,
no hacen, puertas abiertas,
caminos al olvido.

miércoles

danza de los silencios y las vanidades musaicas

Silencio
¿cuántas veces confié a tus oquedades
los murmullos voraces de mi alma peregrina?,
y sin mediar los tiempos
ni respetar edades
me los encuentro sueltos
cobrándome la vida.


¿Quién confía en los silencios
o en los vientos
o en las hojas de otoño
que mueren amarillas?...


Los silencios no existen
son murmullos tan fuertes
que ensordecen, trasminan...
dejan sus oquedades
clamando por su vida vida.


Los mudos me rehuyen
las sombras, los fantasmas...,
de pronto cobran vida,
el velo se destapa
aunque no exista brisa
quieren volverse verso
quieren verse poesía.


Entre mis dedos
una lucha se libra,
suelen volverse cielos
algunas pesadillas,
quieren volverse dueños
de palabras semilla
los pequeños lamentos
de lo fugaz que brilla,
como si el universo
que despierta la vida
fuera un tapete viejo
guardián de zapatillas.


Silencio
nunca habita el silencio
lo que el alma suspira.

sábado

Agonía

Desfallecida por la carencia,
hambrienta de ti,
persigo
la huella de tus caricias,
el bálsamo de tus palabras.
Pero, el viento de la vida
las arrastró nuevamente hasta el mar.
Y sólo me ha dejado tu ausencia,
creciendo con cada latido de mi sangre.
Y sola he de luchar contra el silencio,
que me oprime hasta robarme el aire.
Sitiada por el vacío,
impaciente por rendir mis armas,
deambulo
entre la desazón y el llanto,
entre la enajenación y el más agudo dolor.

No copie, use la imaginación...

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